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Historia en Libertad

miércoles, septiembre 28, 2011

Ricardo Corazón de León

Ricardo I de InglaterraUn caballero de negra armadura, que había luchado valerosamente en Tierra Santa, se presentó de incógnito en su patria, Inglaterra, y en una ermita perdida en un bosque se encontró con el arquero Locksley, más conocido como Robin Hood, y con algunos de sus compañeros. Poco después, el misterioso caballero tuvo la dicha de hallar al joven Wilfredo de Ivanhoe, con quien compartiera momentos de peligro en tierra de los musulmanes. Luego hubo un torneo entre caballeros y se esgrimió una lanza contra la que nadie osó luchar: la que alzaba el caballero de la negra armadura, que no era otro que Ricardo Corazón de León, quien había regresado para reconquistar su reino. Este es a grandes rasgos el Ricardo Corazón de León de la tradición, de la leyenda, de la novela; pero, ¿fue así en la realidad la vida del monarca inglés?

Un padre con problemas
Enrique II era rey de Inglaterra y reinaba, además, sobre Normandía, Anjou y Aquitania (en Francia). Quien lo debía heredar era Ricardo, el tercero de sus hijos (los dos mayores habían muerto), a quien el rey no quería. Su preferido era Juan, el más joven, llamado Sin Tierra.
Lo que sucedía era que Enrique II había tenido siempre grandes problemas, entre ellos los que les provocaban la ambición de su consorte, Leonor de Aquitania (ex esposa de Luis VII de Francia), y sus hijos, sobre todo Ricardo. Este, predilecto de la madre, se dejó convencer por el nuevo rey de Francia, el astuto Felipe II, llamado Augusto, y empezó a conspirar contra su padre.
Así las cosas, y perseguido por las tropas de Ricardo, el rey Enrique II, su padre, se vio precisado a huir. En un alto del camino se enteró de que su hijo predilecto, Juan, también conspiraba contra él. Desilusionado, aceptó tratar con su rival, Felipe Augusto, y, dos días después, murió de un ataque. Entonces, su hijo Ricardo ascendió al trono.

Guerrero, poeta y trovador
Ricardo, rey a los 32 años de edad, no era realmente un estadista. Su pasión era la caballería, institución que exigía una intensa preparación y el juramento de poner la espada y ofrendar la vida por causas nobles.
Esa pasión llevó a Ricardo a convertirse en un hábil guerrero, experto en el manejo de la lanza, la espada, la maza y el escudo. Y esta destreza -reconocida por todos-, unida a su carácter dominante y violento, hizo de él un hombre imprudente, arriesgado y audaz.
Pero, además, gustaba alternar con trovadores alegres y enamoradizos, y tuvo por amigo a uno de singular maestría llamado Blondel, con quien compuso varias canciones.
Más que a las obligaciones que le imponía el hecho de ser rey, Ricardo prefería la buena vida, las aventuras, los torneos caballerescos y los desafíos entre bebedores. Pero lo que nadie discutía eran su valor, osadía y arrojo -rayanos en la inconsciencia-, que le valieron el justo apodo de Corazón de León.

Una espada invencible
Por aquel entonces se habían realizado dos Cruzadas a Tierra Santa para reconquistar el Santo Sepulcro; sin embargo, Saladino -implacable adversario de la cristiandad- había tomado Jerusalén. Ante este hecho se financió la tercera Cruzada, expedición de la que participaron el emperador de Alemania Federico Barbarroja, el rey de Francia Felipe Augusto, y el rey de Inglaterra Ricardo Corazón de León, quien abandonó la isla al frente de 8.000 soldados.
En esta Cruzada, la fama de Ricardo se acrecentó, pues, muerto Federico Barbarroja al bañarse en un río, y habiendo regresado a Francia Felipe Augusto, el rey de Inglaterra se quedó virtualmente solo frente al poderoso Saladino, gran guerrero y prototipo del caballero musulmán. Pero lo venció dos veces: primero en Arsuf y luego en Jafa.
La audacia de Ricardo y su estrategia habían derrotado a un ejército que era numéricamente muy superior al suyo, y los soldados cristianos, desde entonces, consideraron que su jefe era invencible. Las hazañas de Ricardo Corazón de León se divulgaron de país en país y fueron reconocidas hasta por sus propios adversarios.

Una canción bajo la ventana de una fortaleza
En Inglaterra había quedado el hermano menor de Ricardo, Juan Sin Tierra, quien conspiraba para quedarse con el reino. Al llegar la noticia a conocimiento de Ricardo, este firmó una tregua por tres años con Saladino y emprendió el regreso (a Juan se le llamaba Sin Tierra porque cuando el padre, Enrique II, pidió a sus otros hermanos que cedieran algunas tierras al menor -que era Juan-, todos se negaron).
Lamentablemente, el duque de Austria tomó prisionero a Ricardo cuando este pasaba por ese país y lo entregó al monarca germano Enrique VI, quien pidió un fuerte rescate por su liberación.
Dícese que el trovador Blondel, recorriendo Europa en busca de su amigo el rey, llegó al pie de una fortaleza -como había llegado a tantas otras- y entonó una canción. Ricardo, que estaba prisionero allí, en una celda, se asomó a la ventana al reconocer la voz de su amigo y entonó una de las canciones que años atrás había compuesto con él. Cuenta la leyenda que así fue cómo se supo dónde estaba prisionero el monarca inglés.

Nuevamente esgrime la espada
Mientras Ricardo Corazón de León permanecía cautivo -y sin esperanzas de ser liberado- del monarca germano, el astuto e intrigante rey de Francia (su antiguo aliado), Felipe Augusto, se entendía con Juan Sin Tierra y lo apoyaba en su intento de usurpar el trono.
Liberado por fin después de dos años de cautiverio (1192-1194), merced al rescate reunido por su madre, algunos caballeros y nobles leales y el arzobispo de Canterbury, Ricardo se apresuró a reconquistar su reino. Y lo logró luego de una lucha implacable.
Después pasó a Francia para recobrar las tierras que Felipe Augusto le había arrebatado, y allí levantó una imponente fortaleza: el Chateau Gaillard, en la frontera normanda, cuya construcción demandó un año de trabajo. Tenía doble recinto, torreón lleno de defensas y estaba en lo alto de una montaña.
La lucha fue sin cuartel, pues los franceses querían desalojar definitivamente a los ingleses, duró varios años y solamente fue interrumpida por frágiles treguas.

Ricardo Corazón de León entra en la leyenda
Felipe Augusto sufrió varios reveses en su lucha contra un militar de la habilidad y el valor de Ricardo Corazón de León, sobre todo en Gisors, en 1198. Pero la suerte acudió en su ayuda.
Corría el año 1199, y Ricardo combatía contra un vasallo suyo, señor de Limoges, quien había hecho oídos sordos a un reclamo de su rey: que le entregara una valiosa pieza de oro perteneciente a los romanos, que el vasallo había encontrado en sus tierras.
Ante la tenaz negativa de su súbdito, Ricardo lo sitió, pero un día, una flecha perdida le causó la muerte. Fue el 6 de abril de 1199, cuando el monarca solamente tenía 42 años de edad.
Desde ese instante, Ricardo I de Inglaterra, llamado Corazón de León, entró en la leyenda, y sus hazañas -ciertas muchas e imaginadas otras- sirvieron de apasionantes temas para cuentos, novelas y poemas.

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