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Historia en Libertad

miércoles, diciembre 28, 2011

Marco Polo

Marco PoloCuando a prácticamente siete siglos de la muerte de un hombre, no sólo se habla de él, sino que lo que ha hecho sigue siendo hoy en día toda una proeza, el lugar que ocupa en la historia de la humanidad es el mejor premio a su sacrificio, premio que no siempre llega en vida, ya que los hombres que, como Marco Polo, han desafiado la ignorancia y la incredulidad de su época, siempre han sido víctimas de ataques, burlas e injustificadas acusaciones. Pero la historia no se equivoca, y hoy su nombre brilla con el fulgor de su justa dimensión: un ser humano excepcional, un verdadero conquistador de horizontes.

Familia de expedicionarios
Nicolás y Mateo Polo, padre y tío, respectivamente, de Marco Polo, hacía ya tiempo que comerciaban con el Oriente y no sólo gozaban de gran fama entre los orientales sino que, también, dominaban a la perfección varias lenguas asiáticas, lo que les permitía, a la vez que comerciar, cultivar con ellos una amistad que, con el correr de los años, se hizo cada vez más fuerte, razón por la cual fueron invitados a participar de una gran embajada y así enviados a conocer al Gran Khan Kublai, emperador mongol de Catay (China).
Llegados a la corte del gran emperador, no sólo supieron granjearse su amistad sino que éste les encomendó una misión: entregarle varios presentes al Papa y pedirle que mandara misioneros para introducir la religión cristiana; además, que le enviara aceite de la lámpara que alumbraba el Santo Sepulcro en Tierra Santa.
En el año 1271, los hermanos Polo regresaron a Oriente y llevaron con ellos a Marco, hijo de Nicolás, que había nacido en 1254. De espíritu aventurero, más que hábil comerciante, Marco era un muchacho lleno de sueños, apasionado por los viajes, profundo observador y enamorado de todo lo que fuera conocer, descubrir, investigar. Y así fue como los tres partieron al frente de una caravana rumbo a la hoy China.

La nueva vida
Llegados al palacio del gran Khan, Nicolás le presentó a Marco con estas palabras: "Este es mi hijo, y desde hoy vuestro más noble y fiel servidor". Y obtuvo del poderoso soberano la gentil respuesta: "Me gusta mucho. Sea bien venido a mi reino". Y es que, con la sagacidad propia de los hombres de su raza, el Gran Khan advirtió muy pronto que Marco Polo, a pesar de su juventud (contaba ya 21 años, pues llegaron en 1275, o sea, ¡después de cuatro años de largas y penosas jornadas de marcha!), era distinto de su padre y su tío, ya que había en él otros valores fundamentales.
Kublai Khan le dispensó su amistad, y ya totalmente convencido de que Marco Polo era un hombre que había nacido para llevar a cabo importantes empresas, lo nombró gobernador de uno de sus más importantes estados. Esto le permitió realizar infinidad de viajes a través de la China superior (Catay) y de la China meridional (Mangi).

Itinerario de Marco Polo por el continente asiático

Agudo observador, ávido siempre de conocimientos, esas travesías le dieron la oportunidad de conocer milenarias costumbres, interpretar el modo de vida de todavía ignorados pueblos y enriquecer su vasta cultura de las lenguas asiáticas.

El regreso
Después de diecisiete años de recorrer grandes extensiones, de observar, de aprender, de conducir, Marco Polo sintió la nostalgia de su tierra natal y decidió regresar a ella. Su padre y su tío, ya muy envejecidos, aceptaron con alegría la idea del retorno que Marco les propuso.
El Gran Khan notó muy pronto que Marco Polo ya no era el mismo, y al enterarse de su intención de regresar a Venecia, aunque con pena por perder a tan valioso colaborador, aceptó su decisión y, a modo de despedida, le encargó la última misión: acompañar a una de las princesas que partía en viaje nupcial para casarse con un poderoso príncipe de Persia. Marco Polo aceptó y, junto con su padre y su tío, partió al mando de catorce naves en el año 1292, arribando a su añorada Venecia tres años después.

La cárcel
Como si fuera una nueva jugada de su destino de incansable aventurero, el hecho de caer prisionero le dio a Marco Polo una oportunidad que él sabría muy bien aprovechar.
Durante la batalla de Curzolo, Marco Polo -que comandaba una nave de la flota veneciana- cayó en poder de los genoveses. Ya en la prisión, encontró como compañero de calabozo a un conocido literato de esa época, Rusticiano (o Rustichello), a quien le narró todo cuanto había visto, conocido y encontrado en el entonces prácticamente ignorado Oriente.
Todos a quienes antes les había narrado sus experiencias, se burlaron de él (inclusive sus propios familiares), pero Rusticiano no sólo escuchó con atención los verídicos relatos sino que le ayudó a preparar la obra que realmente daría la gloria a Marco Polo: 'El libro de las Maravillas' (que en su origen se llamó 'Il Milione').
Este libro tuvo tal importancia, que no sólo despertó en todos los navegantes de esa época el interés y las ansias de conocer las fabulosas tierras descritas por Marco Polo, sino que un ejemplar fue hallado en la biblioteca particular de Cristóbal Colón, con anotaciones hechas de su puño y letra.

Sus últimos años
Marco Polo fue liberado, y nuevamente estuvo de regreso en Venecia en el año 1299. A partir de ese entonces comenzó para él una época de paz y serenidad, junto a su esposa y sus tres hijos.
Murió en Venecia, la ciudad que le hizo abandonar un reinado donde todo lo había tenido: riquezas, poder, prestigio. Era el año 1325. Poco antes de morir, llamó a sus amigos más queridos y les hizo esta confesión: "Les aseguro que en mi libro no he escrito ni siquiera la mitad de cuanto he visto".
Las palabras de Marco Polo avivaron en el corazón de los espíritus inquietos como el suyo las ansias de llevar a cabo, como él lo hiciera, la maravillosa aventura de conquistar horizontes.